Noticia

31/08/2017

Se retira el creador de los vinos californianos Calera Wines

         Josh Jensen, el hombre que se empeñó en hacer en California unos pinot noir tan finos como los de Borgoña, se retira del escenario a los 73 años tras vender su bodega, su finca vitícola y su ya legendaria marca Calera a Duckhorn, otra veterana firma del vino californiano, ésta pionera del merlot en Estados Unidos. Un fondo de inversión de Silicon Valley controla ahora ambas bodegas. El precio de la transacción no se ha revelado, pero Jensen se declara "entusiasmado”. Así termina de una manera que sería inhabitual en Europa, sin sucesión familiar -ninguno de los tres hijos de Jensen ha mostrado interés por proseguir la labor de su padre-, la aventura extraordinaria que empezó hace casi medio siglo en la meca francesa de la uva pinot noir. Jensen, hijo de un dentista de Orinda, en California, había probado desde muy joven grandes vinos, a los que su padre y los amigos de su padre eran aficionados. Pero sus estudios fueron por otro lado, nada menos que en las Universidades de Yale y de Oxford, con un 'master' en antropología como resultado. Lo que sucedió es que encontró trabajo como peón en dos vendimias de sendas propiedades prestigiosas de Borgoña: el Domaine Dujac y el Domaine de la Romanée-Conti. Y allí confirmó su pasión por la viña y el vino. De Borgoña salió Jensen con una idea fija, que le habían comunicado mentores como Jacques Seysses y Aubert de Villaine: un gran pinot noir sólo se puede obtener con cepas plantadas en un suelo calizo. Y en el Nuevo Mundo esos suelos escasean mucho. Pero él no se rindió y empezó a investigar por toda California, ayudado por mapas geológicos de la Oficina de Minas californiana.

En 1975, Jensen encontró lo que buscaba, lejos de las zonas prestigiosas y caras como los valles de Napa y Sonoma: en las laderas del monte Harlan, en la Costa Central. Y logró comprar una finca de 135 hectáreas por tan sólo 18.000 dólares. El suelo era tan calizo como en la Côte-d'Or, pero nunca había visto una cepa. El plantó las 500 primeras, y comprobó que aquello funcionaba. Además, las viñas subían hasta los 750 metros de altitud, algo muy inhabitual en California, y el clima era fresco y seco. En la finca estaba una vieja calera, un horno de cal, de la época colonial española, y ése es el nombre que Jensen dio a su finca y sus vinos, hoy legendarios. Como buen discípulo de Dujac y el DRC, Jensen ha practicado una viticultura y una vinificación naturales, poco intervencionistas, de gran clasicismo. Y sus vinos, como los grandes de Borgoña, tardan algún tiempo en mostrarse pero luego son de mucha guarda, algo inhabitual en pinot noir. A la borgoñona, se elaboran por separado los pagos, y son hoy ya míticos los nombres de sus viñas más viejas, Reed, Jensen y Selleck. También tiene pequeñas superficies de chardonnay y de viognier. Junto a otro gigante californiano, Paul Draper, Jensen representa los vinos del Nuevo Mundo en la Academia Internacional del Vino, donde le rodean el respeto y la admiración de todos los europeos.

Jensen no se retira del todo, pues entra en el consejo de administración de Duckhorn.

 

Fuente: El Mundo Vino