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28/09/2017

Torrontés del Valle de Uco, un acierto del vino argentino

"Los productores de Cafayate están muy sorprendidos con la calidad que estamos logrando con el Torrontés en el Valle de Uco". Con estas palabras, la reconocida bodeguera Susana Balbo, impulsora de la compañía que lleva su nombre, pone en contexto algo de lo que ya se viene hablando en el ambiente vitivinícola pero que es novedoso para un amplio espectro de consumidores.

Lo que plantea Balbo desafía un poco el status quo de la industria: de algún modo, está reclamando una parte del crédito para esta zona estratégica de Mendoza, que hasta ahora está monopolizada por los Valles Calchaquíes.

Sucede que hablar de "Torrontés", en general implica hacer referencia puntual a Cafayate.

Sin embargo, para Balbo, parte del futuro de esta variedad blanca, especialmente en la alta gama, está en el Valle de Uco, más precisamente en Altamira. "Cafayate tiene excelente amplitud térmica, que es muy importante para el desarrollo de esta variedad. Pero en Altamira encontramos suelos calcáreos donde desarrolla cualidades diferentes", apunta Balbo.

Hace unos años, la bodeguera trajo de Cafayate unas estacas, las plantó en Altamira y comenzó a experimentar.

La principal diferencia, asegura, está en la fase olfativa, dado que el Torrontés demostró que en este tipo de suelos desarrolla un perfil más cítrico y fresco, bajando un poco el efecto de "bomba" de azahar que alcanzan los típicos ejemplares del Norte.

"Los Torrontés que se encuentran en Cafayate tienen aromas mucho más terpénicos. En cambio, el que cultivamos en Altamira ofrece mayor presencia de linalol, que le da un carácter más cítrico", detalla Balbo.

El exponente que viene alumbrando Susana Balbo Wines desde hace cuatro vendimias es el Signature Torrontés Barrel Fermented, del cual ahora se está presentando la cosecha 2016.

Se trata de un Torrontés singular. Y ahí radica su fuerte. Mientras que otros varietales van por el camino explosivo y estridente que ofrecen las flores de azahar, este ejemplar habla de frescura y de elegancia, con notas de frutas de pepita, recuerdos a cáscara de lima y una suave madera, que aporta un leve toque de vainilla.

En boca también muestra diferencias. Su acidez es vibrante, incluso mordiente, con una nota de damascos intensa y nítida que se adueña del paladar. Además, su volumen –en parte gracias a que fue criado sobre lías- está un pasito por encima de los clásicos ejemplares de Cafayate.

Cuando se le pregunta si los productores del Norte sienten un poco de envidia de lo que está logrando en Uco, Balbo sonríe y deja picando la respuesta.

 

 

 

Fuente: Iprofesional